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Conquistando las olas: Mi primera clase de surf en Carrizalillo

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Hay momentos en la vida en los que la llamada a la aventura es tan fuerte que resulta irresistible. Para mí, ese momento llegó durante un viaje a Puerto Escondido, un paraíso escondido en la costa del Pacífico mexicano, donde decidí embarcarme en una búsqueda personal: aprender a surfear en Playa Carrizalillo.

Playa Carrizalillo, con sus aguas cristalinas bordeadas de arena dorada y flanqueadas por verdes acantilados, es el santuario perfecto para cualquier surfista principiante. Sus suaves olas y su ambiente relajado la convierten en un lugar ideal para aprender, lejos de la intimidante reputación de Zicatela y sus potentes rompientes.

Elegir una escuela de surf

Mi búsqueda comenzó con la elección de una escuela de surf. Carrizalillo está repleto de opciones, pero mi elección recayó en una pequeña escuela recomendada por amigos y famosa por su enfoque personalizado y su compromiso con la ecología. Después de inscribirme, me vi, tabla en mano, bajando las escaleras hacia la playa, con el corazón palpitando al pensar en mi primera clase.

Primer encuentro con el océano

Mi instructor, un surfista local de sonrisa contagiosa, me dio la bienvenida en la playa. Después de las presentaciones, empezamos con las nociones básicas sobre la arena: colocación sobre la tabla, técnica de remo y el movimiento crucial para ponerse de pie. Allí, tumbado sobre mi tabla en la arena caliente, sentí por primera vez la conexión entre surfista y tabla, preludio del baile con el océano.

El bautismo de las olas

Entonces llegó el momento de poner en práctica las lecciones sobre la arena. Remamos junto a las olas que rompían suavemente al borde de la playa, con mi instructor a mi lado, guiándome y animándome. Cuando se acercó la primera ola, su "¡Ahora!" sonó como un pistoletazo de salida. Con una mezcla de nerviosismo y emoción, remé, sentí que la ola me atrapaba e intenté ponerme de pie. Tambaleante, volví rápidamente al agua, pero con una sonrisa imborrable.

Con cada intento posterior, me acercaba más a la meta; cada caída me enseñaba algo nuevo sobre el ritmo del océano, sobre mí misma. Y entonces, de repente, todo se alineó: el remo, la ola, mi cuerpo. Me puse de pie, temblando, sobre mi tabla, deslizándome sobre el agua, con el corazón rebosante de alegría. Estaba surfeando.

Lecciones del océano

Esta primera lección de surf fue mucho más que una introducción a un deporte; fue una lección de humildad, perseverancia y respeto por el poder de la naturaleza. Cada ola me enseñó a dejarme llevar, a aceptar que no siempre puedo controlar el resultado, pero a apreciar cada momento de la experiencia.

Un compromiso renovado

Más allá del aprendizaje técnico del surf, esta experiencia me conectó con la comunidad surfera de Puerto Escondido, un grupo de personas que comparten una pasión común por el océano y un profundo respeto por su entorno. Me animó a asumir compromisos personales más firmes en favor de la protección de los océanos, inspirándome en quienes viven junto a las olas cada día.

Al salir del agua aquel día, agotada pero exultante, supe que algo dentro de mí había cambiado. No sólo había empezado a aprender a hacer surf, sino que también me había sumergido en una cultura fascinante y había conocido a gente extraordinaria. Playa Carrizalillo no era sólo una playa donde había tomado mi primera clase de surf; se había convertido en un lugar donde me había transformado profundamente, un lugar que siempre llevaría en mi corazón.

Para aquellos que, como yo, sueñan con conquistar las olas, Playa Carrizalillo, en Puerto Escondido, ofrece el escenario perfecto para comenzar esta aventura. No importan las caídas, cada ola te acerca a la magia indescriptible del surf, donde espíritu, cuerpo y océano se convierten en uno.

No lo dude más y reserve ya su clase.


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Respetar el medio ambiente y la comunidad

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